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Argumentan que ni salen en manada del puerto para invadir el centro, ni causan conflictividad. El sector crucerístico rebate con más estadísticas la controversia abierta en Barcelona desde que el nuevo gobierno local anunció que pondrá bajo lupa a esta actividad que ha llevado a la ciudad a ser primer puerto de Europa. La polémica sorprende a las navieras, acostumbradas a que muchos puertos y ciudades se vuelquen anualmente en la captación de escalas ante el negocio que generan. Según fuentes de la Cruise Lines International Association (CLIA), el perfil de ese viajero en Barcelona corresponde a personas de poder adquisitivo medio y medio-alto “que en su mayoría viaja en familia”.

Como informó este diario el jueves, el hecho de que Barcelona registrara 2,6 millones de cruceristas en el 2013 y 2,36 en el 2014 ha llevado a situar a este sector en el marco de la polémica que envuelve al modelo turístico de la capital, por teórico exceso de éxito. Hasta el punto de que Ada Colau quiere analizar su impacto económico, su afectación, su impacto ambiental e incluso el entorno laboral. Fuentes portuarias y de operadores replicaban con datos esa idea de invasión que albergan algunos sectores vecinales y el propio consistorio. El 52% de los cruceristas no hacen escala, sino que inician y/o acaban sus rutas aquí, de modo que se alojan unos días al principio o final del viaje, y en muchas ocasiones enlazan el puerto con el aeropuerto. Además, al embarcar y desembarcar en distinta fecha en el mismo puerto se contabilizan dos veces, es decir, en realidad son la mitad.

Impacto

Las cifras también revelan que en un mes punta, agosto, con más de 300.000 cruceristas mensuales (y menos de la mitad haciendo escala turística de unas horas), el flujo de paseantes inyectado por los barcos sería de unos 5.000 diarios. Y de apenas un millar en meses de temporada baja. Cifras fácilmente absorbibles sin impacto de movilidad en una ciudad como Barcelona, que solo en la Rambla suma más de 273.000 usuarios diarios. A la edila de Ciutat Vella, Gala Pin, le preocupa su contribución a la masificación del centro, algo que la comunidad portuaria también puntualiza pues la mayoría de visitantes no van a la Rambla, se diluyen entre decenas de autocares de excursiones organizadas al campo del Barça o Montserrat, entre un sinfín de opciones.

Pero ahora es la patronal CLIA, que agrupa a la inmensa mayoría de navieras del mundo y operadores del sector, quien se defiende. Fuentes del organismo en España enfatizan que además de los 256 millones de gasto anual del crucerista en Barcelona, la industria promueve la “creación de negocios en las ciudades visitadas”. Estos van de comercio, transporte y servicios al viajero, hasta empresas proveedoras y de gestión de residuos a los barcos.

“España es una referencia en el sector, con la visita de 4,89 millones de pasajeros, 25.000 empleos directos e indirectos y una contribución de 1.208 millones de euros en el 2014”, argumentan. Pero sobre todo inciden en arrojar luz sobre el perfil de visitantes, que “en destinos habituales y consolidados, como es Barcelona, se trata de personas que buscan zonas menos frecuentadas, dado que ya conocen las principales atracciones turísticas”. Y es que la capital catalana forma parte de la mayoría de rutas mediterráneas y la proporción de cruceristas repetidores no deja de crecer, ya que muchos viajeros repiten itinerarios solo para conocer nuevos barcos, cada vez más sofisticados. Tras empezar el año con descensos, en julio el puerto tuvo un 7% más de visitantes.

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